El proceso forense de Israel: cómo el Centro Abu Kabir identifica a los rehenes asesinados

18/Nov/2025

Jewish Breaking News (traducido por Sami Rozenbaum de Nuevo Mundo Israelita)

El Dr. Chen Kugel, figura clave en la labor más delicada de Israel, ofreció una perspectiva única sobre cómo su equipo en el Centro Nacional de Medicina Forense “Abu Kabir” identifica a los rehenes asesinados y reconstruye sus últimos momentos.

En una reciente entrevista, el director del instituto también relató el día en que examinó y confirmó la muerte del líder terrorista de Hamás, Yahya Sinwar.

El proceso comienza mucho antes del laboratorio: los restos se entregan al Comité Internacional de la Cruz Roja, luego a las autoridades israelíes y son trasladados a Abu Kabir bajo una estricta cadena de custodia. Allí, los equipos inician el proceso realizando tomografías computarizadas de cuerpo completo, revisión radiológica y examen externo; posteriormente, efectúan una comparación dental y extracción de ADN cuando es necesario.

El instituto prioriza la rapidez con precisión: «Queremos comprender qué sucedió» y brindar «información completa» a las familias, afirma Kugel, aunque advierte que los casos complejos pueden tardar días.

Otro principio fundamental que repite al personal: “cero errores”.

Lo que parece una simple puerta con el letrero “Ciencias forenses” es, en realidad, una operación multidisciplinaria. Junto a los patólogos trabajan radiólogos, odontólogos, especialistas en ADN, antropólogos, técnicos de laboratorio y equipos forenses clínicos que coordinan con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), la Policía, el Rabinato Militar y el Ministerio de Salud. El Dr. Ricardo Nachman, de origen argentino, dirige la unidad clínica que integra los hallazgos para la identificación y la evaluación de la causa de muerte.

Según Kugel, el Instituto ha mantenido un “éxito del 100%” en la identificación de las víctimas de la masacre del 7 de octubre y de los rehenes fallecidos posteriormente; un logro basado en métodos exhaustivos, documentación meticulosa y verificaciones cruzadas.

Kugel también narra un momento singular en el registro forense de la guerra: la autopsia que confirmó la muerte de Sinwar. Se informó a los medios israelíes que Sinwar murió de un disparo en la cabeza. Una lesión previa en el brazo sugería un traumatismo por metralla, lo que lo llevó a hacerse un torniquete improvisado. “Una vez que estás junto al cuerpo y lo examinas, no piensas en nada más”, dice Kugel, explicando el distanciamiento profesional necesario para lograr precisión, incluso con una figura responsable de asesinatos en masa. El hallazgo fue importante, porque resuelve las versiones contradictorias sobre la muerte del líder terrorista y fundamenta el registro en hechos médicos.

Los traslados recientes de restos han subrayado tanto la urgencia como la dificultad. La Cruz Roja afirma que está facilitando las repatriaciones entre escombros, túneles y lugares con trampas explosivas, un “enorme desafío” que puede retrasar la recuperación y la entrega. Medios de comunicación en árabe han documentado los movimientos de la Cruz Roja con Hamás en Rafah y las entregas en Kerem Shalom, tras las cuales la policía israelí escolta los ataúdes directamente a Abu Kabir para su identificación.

Esta logística explica por qué algunas entregas se realizan por lotes, y por qué las identificaciones precisas se anuncian solo después de que el laboratorio alcanza la certeza absoluta y se notifica a la familia.

Esa ética —rapidez cuando sea posible, paciencia cuando sea necesaria y perfección siempre— es la forma en que Abu Kabir cierra los círculos que los terroristas intentaron cortar

Dentro del laboratorio, los plazos varían. Las coincidencias sencillas —dentadura intacta e historiales médicos accesibles— pueden resolverse en cuestión de horas. Los restos fragmentados, los daños causados por el fuego o la mezcla de muestras de diferentes personas pueden prolongar el trabajo; los analistas correlacionan los hallazgos de la tomografía computarizada con lesiones previas, comparan las microcaracterísticas dentales, y analizan el ADN mitocondrial y nuclear en múltiples muestras de referencia.

Cada paso se revisa minuciosamente; nada se lleva a cabo sin una segunda opinión. Solo cuando la ciencia es unánime, Abu Kabir trasmite la conclusión al Ministerio de Salud y a las autoridades de seguridad; y solo entonces los oficiales de atención a las víctimas informan a la familia, a menudo con la presencia de Kugel para responder preguntas técnicas.

Este es un esfuerzo por mantener la dignidad: una promesa del Estado israelí, cumplida por los científicos, de que incluso en el terreno más adverso la verdad puede ser recuperada y revelada. Es por eso que Kugel sigue hablando con franqueza a su equipo y al país: los caídos son personas, no expedientes, y el trabajo es para sus familias. “Las familias son nuestra principal preocupación”, ha dicho. Esa ética —rapidez cuando sea posible, paciencia cuando sea necesaria y perfección siempre— es la forma en que Abu Kabir cierra los círculos que los terroristas intentaron cortar.